El residuo final de un plaguicida detectado en un producto agroalimentario no siempre coincide con la molécula aplicada originalmente. Los plaguicidas, tras su exposición al entorno y al sistema biológico de la planta, sufren transformaciones químicas que generan metabolitos, productos de reacción, impurezas y productos de conversión.
Por este motivo, muchos exportadores se enfrentan a rechazos comerciales no por el plaguicida aplicado, sino por lo que este se convierte dentro de la planta o en el ambiente. La diferencia entre el "Plaguicida Padre" y sus metabolitos es la clave para evitar barreras técnicas en mercados como la Unión Europea o Estados Unidos.
La correcta interpretación de estos compuestos es vital para la seguridad alimentaria y el cumplimiento de los Límites Máximos de Residuos (LMR) de los distintos mercados.
¿Por qué cambia la “molécula padre”?
La degradación de un plaguicida o molécula padre, no es un error, es un proceso biológico y físico impulsado por:
- Metabolismo vegetal: Enzimas de la planta.
- Factores externos: Luz solar (fotólisis), humedad (hidrólisis) y actividad microbiana.
Estos procesos (curva de degradación) son estudiados por las empresas productoras de agroquímicos cuando solicitan el registro de las sustancias activas y sus correspondientes productos fitosanitarios ante las autoridades competentes de cada país.
Organismos como SENASA en Argentina, EFSA en Unión Europea y EPA en EE. UU. priorizan el monitoreo de metabolitos cuando estos son más tóxicos que la molécula original.
Metabolitos específicos de importancia toxicológica
- Espirotetramato: Este insecticida, utilizado contra el piojo de San José, pulgón verde o cochinilla harinosa, genera varios metabolitos tras su aplicación, siendo el Espirotetramato-enol el principal metabolito a monitorear en Unión Europea, mientras que mercados como EE. UU y Japón además incluyen a los metabolitos cetohidroxi, monohidroxi y enol-glucósido en sus controles.
- Captan: Fungicida utilizado en post-cosecha de frutas; su residuo clave es el metabolito 1,2,3,6-Tetrahidroftalimida (THFI).
Generación de "Otros plaguicidas" (residuos indirectos)
Un fenómeno complejo ocurre cuando el metabolismo genera una molécula que también está o estuvo registrada como un plaguicida independiente.
Por ejemplo, Metil Tiofanato y Benomil, dos fungicidas que tras su aplicación comienzan a generar Carbendazim, otro fungicida ampliamente usado, pero el problema se presenta cuando el uso de Carbendazim se encuentra restringido en muchos mercados internacionales.
Casos críticos: De un producto permitido a uno prohibido
El insecticida Acefato, utilizado en Argentina para combatir plagas como la polilla del tomate o cochinilla blanca en cítricos, en su proceso de degradación va generando Metamidofos, metabolito significativamente más tóxico que el producto original y qué se encontraba registrado como insecticida organofosforado. Actualmente se encuentra prohibido en Argentina mediante la Resolución 32/2019.
Dimetoato es otro ejemplo de un insecticida registrado para controlar plagas sobre cultivos como el tomate, pera, manzana, durazno y uvas, que luego de su aplicación comienza a metabolizarse a Ometoato, insecticida que se encuentra prohibido a nivel nacional y en la mayoría de los mercado internacionales.
Estos ejemplos demuestran que es vital entender que la degradación de un plaguicida tras su aplicación puede generar metabolitos o plaguicidas indirectamente, los cuales ya no están autorizados.
De esta manera, independientemente del origen (aplicación o metabolito de otro) lo que cuenta son los residuos en el alimento acorde a la definición del residuo, establecida en cada mercado.
El desafío de la armonización internacional
La falta de consenso global en las definiciones de residuos genera barreras técnicas al comercio. Los Organismos (como EFSA o EPA) aplican dos criterios distintos:
1. Definición para cumplimiento (enforcement): Utiliza un marcador (usualmente el plaguicida padre) para un control ágil en frontera.
2. Definición para evaluación de riesgo: Incluye todos los metabolitos con potencial toxicidad, aunque su medición analítica sea compleja.
Esta falta de armonización implica que un producto puede ser legal en un mercado pero exceder los límites en otro, simplemente porque este último incluye metabolitos en la suma del LMR y el otro no.
En este punto es clave el trabajo del Codex Alimentarius junto a sus 189 miembros, en busca de establecer normas alimentarias internacionales, protegiendo la salud del consumidor y eliminando barreras al comercio.
Implicancias estratégicas para el exportador
Para asegurar el acceso a los mercados, los productores e intermediarios de la cadena agroalimentaria deben considerar varios puntos:
- Plan de monitoreo de residuos de plaguicidas: Es el pilar inicial a implementar en cada una de las temporadas de los cultivos.
- Revisión de la expresión del residuo/residuo marcador: Es imperativo conocer si el mercado de destino exige la suma de metabolitos como control en el LMR (ej. Captan + THFI).
- Laboratorio con tecnología de punta: El uso de espectrometría de masas acoplada a cromatografía líquida y de gases (LC-MS/MS y GC-MS/MS) es indispensable para detectar dichas moléculas.
- Alcance técnico: los laboratorios deben ofrecer en sus servicios la determinación de aquellos metabolitos relevantes para la mayoría de los mercados.
Garantía de calidad e inocuidad
La gestión de residuos de plaguicidas requiere una visión que trascienda la etiqueta del producto.
En CIATI, el asesoramiento de nuestros especialistas forma parte fundamental en el plan de monitoreo de dichos residuos, siendo de esta manera, una de las vías para garantizar la inocuidad alimentaria y ambiental y evitar rechazos comerciales.